Propuestas de la Fundación Alborada a los partidos políticos

Desde 1965 se han creado cuatro millones de compuestos químicos diferentes de los que unos 100.000 se producen y comercializan actualmente. Un buen número de ellos son tóxicos y solubles en grasa, por lo que tienden a acumularse en el tejido graso. Por su parte, la eclosión de la telefonía móvil y otros muchos aparatos que emiten radiaciones han disparado una contaminación electromagnética cuyos efectos nocivos empiezan a ser reconocidos por la Organización Mundial de la Salud pese a las presiones del sector de las telecomunicaciones.

El efecto de la alta toxicidad en el ambiente y en los alimentos y el agua ha generado una variedad de enfermedades que comparten características bioquímicas. Sensibilidad Química Múltiple (SQM), fibromialgia, Fatiga Crónica, electrosensibilidad, Parkinson, Alzheimer, Esclerosis Múltiple, Estrés Postraumático, Síndrome de la Guerra del Golfo, Síndrome de Colon Irritable, asma, autismo, hiperactividad, tinnitus, Síndrome Asociado a Implantes de Silicona, Síndrome Aéreo, ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica), algunas esquizofrenias, epilepsia y otras dolencias han disparado el número de afectados en las últimas décadas y cada vez existe más evidencia científica de que, al menos en parte, se deben al contacto constante con pesticidas organofosforados y organoclorados, carbamatos, disolventes orgánicos, mercurio, pesticidas piretroides y otros químicos habituales en el aire, el agua, los alimentos o la ropa.  No podemos olvidar el cáncer y la relación con la cantidad de sustancias carcinógenas que usamos constantemente, las enfermedades autoinmunes y los tóxicos que han probado ser disruptores endocrinos.

Ante esta situación alarmante, las personas que trabajamos en la Fundación Alborada proponemos:

-Reconocer la Medicina Ambiental como una nueva disciplina médica transversal y desarrollar programas de formación para estudiantes y médicos a nivel europeo.

-Mejorar la provisión, pagando los diagnósticos y los costes terapéuticos de personas que sufren de enfermedades que tienen que ver con la contaminación ambiental. Actualmente, estas personas ven agravado su sufrimiento por los elevados costes económicos que han de enfrentar personalmente.

-Apoyar activamente, en forma de subsidio, contratos y acuerdos de colaboración, a las asociaciones que trabajan en el campo de la salud ambiental y de las enfermedades asociadas con la contaminación ambiental.

-Reforzar y asegurar la implementación general -en conexión con el problema de polución dentro de las casas o edificios- del sistema de “ambulancias verdes” (ambulatorios móviles que analizan las casas y los edificios a petición de los individuos  preocupados y de acuerdo con sus médicos de familia y la intervención de asesores y expertos en ambientalismo) y proveer nuevos tipos de cursos para asesores médicos sobre ambiente interior.

-Impulsar métodos de detección de contaminación química y física así como asegurarse de que las instituciones responsables alerten a la población de los niveles de riesgo de los diferentes contaminantes. Mientras se progresa en el conocimiento, se hace necesario difundir en la forma y momentos adecuados recomendaciones sobre prevención de la exposición que eviten información contradictoria y confusa.

En el caso de la población general, el nuevo marco de exposición ambiental se refiere a un amplio censo de residuos químicos con bajos niveles de muchos de ellos y un supuesto efecto combinado. Estos aspectos deben ser considerados en cualquier programa de vigilancia. Ciertos grupos de población podrían ser, por su especial vulnerabilidad, de especial atención en los estudios de vigilancia y prevención de la exposición. La exposición ambiental materno-infantil ocupa el lugar de máxima preocupación.

-Aunque quedan muchos estudios por hacer, los ya realizados dibujan un mapa lo suficientemente claro como para que se puedan ir adoptando medidas de prevención de la exposición.

-Los niveles de mercurio en sangre se relacionan con la ingesta de pescado, por lo que se deberían establecer directrices orientativas sobre qué pescado consumir preferentemente durante embarazo, lactancia, infancia y mujeres en edad fértil. Esto debería hacerse con todos y cada uno de los contaminantes cotidianos. Con la información existente se puede ya establecer recomendaciones dirigidas a reducir la exposición a sustancias químicas.

-Los compuestos orgánicos persistentes y no persistentes, por ejemplo, se encuentran presentes en la sangre, tejido graso y placenta. Muchas son las fuentes de exposición y no son fáciles las medidas a adoptar ni fácil la vigilancia dada la complejidad legislativa por lo que ésta debería simplificarse anteponiendo los intereses ciudadanos a los comerciales.

-Salud Pública debe elaborar estrategias de información muy claras para los pediatras, ginecólogos y profesionales sanitarios de atención primaria, encaminadas a que éstos tengan en cuenta las exposiciones ambientales y sus enfermedades asociadas y sepan dar recomendaciones muy claras para evitarlas o reducirlas.

-Quizá desde el Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad se podría elaborar un informe de situación con el conjunto de estudios realizados en España respectos a enfermedades ambientales. Las Sociedades científicas en el ámbito de la salud pública, como SESPAS, SEE, AETOX y SESA se comprometen a colaborar.

-La Medicina Ambiental es necesaria para eliminar con eficacia y la máxima seguridad los tóxicos que ahora son endógenos. Es necesario eliminar la sobrecarga tóxica y minimizar tanto sus depósitos como sus efectos. Tanto la Medicina Preventiva como las distintas políticas de Salud Pública han de trabajar “codo a codo” con los especialistas o expertos en Medicina Ambiental para crear una cadena eficaz de prevención y de saneamiento de los ambientes endógenos y exógenos. No podemos prevenir el daño que ya se ha hecho ni anular los errores que ya hemos cometido pero es nuestra obligación aprender de ellos y, como médicos, contribuir sanando a los enfermos y ayudando a crear un ambiente más sano para todos. El papel de los médicos es crucial en estos momentos para dirigir las políticas de Salud Pública, los planes de desarrollo y de producción industrial o de manejo tecnológico, porque hay que prevenir el futuro daño aprendiendo a leer en las consecuencias de lo que ahora  afrontamos.