Autismo

 

El autismo es una enfermedad cuyo primer caso se diagnosticó en 1944. Es un síndrome que engloba sobre todo trastornos del comportamiento y que en los últimos 30 años ha aumentado más de un 1.000 % en todos los países desarrollados tecnológicamente, duplicándose esta cifra en los últimos años por lo que se podría considerar como una verdadera pandemia.

En cuanto a la edad de aparición del autismo, consideramos que existe un autismo temprano si el niño manifiesta sintomatología desde el nacimiento y un autismo tardío si la sintomatología empieza a manifestarse a partir del año y medio. Ahora cada vez más, por la frecuencia, lo complejo que resulta el diagnóstico y la variabilidad a la hora de manifestarse, se habla de Trastornos del Espectro Autista (TEA) en los que se engloban también el síndrome de Asperger, el Síndrome de Rett, Trastornos desintegrativos de la niñez y Trastornos generalizados del desarrollo no especificado.

 

Definición y Manifestaciones Clínicas

Según el documento “Estrategia española en trastornos del espectro del autismo” del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, el concepto “trastornos del espectro del autismo” (en adelante TEA) hace referencia a un conjunto amplio de condiciones que afectan al neurodesarrollo y al funcionamiento cerebral, dando lugar a dificultades en la comunicación e interacción social, así como en la flexibilidad del pensamiento y de la conducta de la persona que lo presenta.

A pesar de que sus manifestaciones clínicas pueden variar enormemente entre las personas que los presentan, los TEA se definen en base a unas características comunes. En todos los casos afectan a las habilidades para comunicarse y relacionarse con los demás. También se asocian a un patrón restringido y repetitivo de intereses, actividades y comportamientos, que inciden en la capacidad de la persona para anticiparse y adaptarse de manera flexible a las demandas del entorno.

En algunos casos, se relacionan con la presencia de alteraciones en el procesamiento de la estimulación que proviene del entorno. Esto provoca que la persona pueda experimentar reacciones de hiper o hiposensibilidad hacia estímulos de las diferentes modalidades sensoriales (auditiva, visual, táctil, etc.).

En ocasiones, los TEA se presentan asociados también a otros trastornos del neurodesarrollo, como la discapacidad intelectual o el trastorno por déficit de atención con hiperactividad.

En otros casos no afectan al funcionamiento intelectual global de la persona, que puede tener un gran potencial cognitivo, aunque algunos de sus procesos psicológicos (como la cognición social, el lenguaje o las funciones ejecutivas) tengan un funcionamiento diferente e incidan en la manera en que la persona percibe, interpreta y se relaciona con el mundo que le rodea.

Según la Dra. María Jesús Clavera, médico pediatra, epidemiologa, experta en esta patología, el  autismo se define como  “Una enfermedad orgánica, de causa ambiental yatrogénica en niños vulnerables genéticamente, en un universo polucionado, y acribillado de microondas pulsátiles”.

Todo parece indicar que en el autismo hay:

  • Un componente genético que no es determinante, sino predisponente.
  • Un componente ambiental, que es el más importante y es el que determina la aparición de la enfermedad.

Las causas vienen del exterior, afectan al intestino, afectan al intestino (produciendo deficiencia y alteración de la microbiota). De allí, afecta a todo el organismo, y tiene graves repercusiones cerebrales:

  • Inflamación
  • Intoxicación
  • Desnutrición

Siempre en pacientes genéticamente vulnerables en un medio-ambiente creciente de polución ambiental y microondas pulsátiles que afectan a toda la población.

Por eso podemos decir que: “EL AUTISMO NO NACE SINO QUE SE HACE”

Además, tal como indica la Dra. Clavera en su conferencia “Epidemia de Autismo”  este componente ambiental formado de varios factores tóxicos y estresantes, que no paran de crecer, es el que está provocando el aumento sin tregua de la epidemia. Y además existe otro último componente: la “CRONO-VENTANA” de exposición o época en la que se reciben estos estresores-tóxicos ambientales. La crono-ventana del TEA es prenatal y durante los primeros meses de vida. Por eso aparece en la primera infancia y afecta de una manera tan global al Desarrollo del niño.

 

 

El Dr. William Shaw, doctorado en bioquímica y con certificaciones en Química Analítica y Toxicología, insiste en su libro “Tratamientos biológicos del Autsimo”  sobre el uso indiscriminado de antibióticos, que tienen un efecto devastador en la flora intestinal, produciendo un sobrecrecimiento de levaduras que junto con el uso excesivo de ciertas vacunas, el acúmulo de metales pesados y otros tóxicos que presentan estos niños, les llevan a una deficiencia inmunológica que está en la raíz de esta enfermedad. También señala que existe una serie de trastornos metabólicos que influyen en la aparición de esta enfermedad.

En esta enfermedad, una correcta nutrición, suplementación teniendo en cuenta las características genéticas del paciente, la restauración de la flora intestinal, y evitación de tóxicos son los pilares básicos de tratamiento.

 

Prevalencia

Según la OMS, el índice de prevalencia de los TEA ha aumentado significativamente en los últimos cuarenta años. En 1975 la cifra aportada por la organización americana Autism Speaks señalaba un caso de autismo por cada 5000 nacimientos. En 2008 esta cifra se situaba en, aproximadamente, un caso de TEA por cada 150, y las investigaciones más recientes (Centro de Control de Enfermedades de Atlanta, 2014) apuntan que actualmente uno de cada 68 niños podría presentar un trastorno de este tipo. Los datos de prevalencia que se apuntan en el DSM 5 señalan que el 1% de la población podría presentar un TEA (APA, 2013). Por lo tanto, como ha puesto de manifiesto la Organización Mundial de la Salud, es posible afirmar que nos encontramos ante un problema de salud pública (OMS, 2014).