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Ester Manso, afectada de SQM y fatiga crónica de Reus: “Mi médico decía que lo que tenía era ansiedad, y yo le dije: ¿Es que sólo cojo ansiedad cuando voy por la calle y pasan coches?”

Yo empecé con la fatiga crónica, pero, a partir de mayo [de 2011] notaba alguna cosa a nivel de piel (los champús y detergentes me afectaban, tenía picores).  Empecé un trabajo en una oficina de recursos humanos pero tuve que dejarlo en cuatro días. En el otro ala del edificio había ocho laboratorios de investigación, no sé con qué investigaban. Había ventilación centralizada, era de estos edificios todo acristalados, y, ahí se me empezó a desencadenar todo. Yo entraba a las oficinas y notaba un olor raro, y luego empecé a notar taquicardias, diarreas, escozor de ojos, dolor de cabeza, somnolencia, síntomas que no se daban con la fatiga crónica. A raíz de esto dejé de trabajar, pero, desde entonces, era salir a la calle a hacer cuatro recados y me ahogaba con los coches, y todo fue a peor.

También ocurre que estoy en Tarragona, y en esta provincia estamos de petroquímica hasta arriba. Vivo en Reus, a 15 kilómetros de la capital, en un piso céntrico, en una calle con mucho tráfico, en un primer piso….
Me puse en contacto con Alborada en seguida y empecé a ponerme vacunas, en julio [de 2011] fue la primera y, a finales de septiembre, la segunda y los suplementos. Con la primera vacuna noté mejoría. Con la segunda, los suplementos no me están sentando muy bien; yo tengo muchos problemas de estómago, me tomo un par de suplementos y ya tengo el estómago hecho polvo. Noté muchísima mejoría al principio, con la primera vacuna, y, luego, con la segunda, volví para atrás, pero también me notaba bastante mejor en algunas cosas: si antes tenía que cocinar con mascarilla porque me molestaban los vapores, o un libro o una revista me irritaban la garganta, pues, con la segunda vacuna, esas cosas las tolero un poco más.
Voy saliendo algún día, en la montaña respiro mejor, pero salgo poco. A la playa bajo no muchas veces porque, dependiendo de donde venga el viento, es complicado [el puerto petrolero y la refinería petroquímica de Tarragona capital se encuentran a unos pocos kilómetros en línea recta]. Ahora, estamos mirando de cambiar de vivienda pero eso es supercomplicado. Sé que me tengo que ir de aquí, pero tampoco es fácil encontrar un sitio que se adapte un poco a mis necesidades.
Con la fatiga crónica, me estuve haciendo pruebas, los médicos no sabían lo que me pasaba, y, en el Hospital Clinic [de Barcelona] me lo diagnosticaron. La sensibilidad química, vi en seguida que la tenía porque van muchas veces relacionadas [SQM y fatiga crónica] y algo sabía ya. Miré qué médicos la trataban y qué tratamientos. Me fui al Institut Ferrán y me querían hacer 50.000 pruebas de esfuerzo y yo no podía ni moverme, estaba en la cama prácticamente todo el día. Además, me dijo el médico que él trataba la enfermedad con medicamentos normales y corrientes y me dije: “si estoy hasta arriba de todo, cuanta más medicación me tome, peor”. Entonces conocí la Fundación Alborada y me fui para allá.
Al principio, mi médico de aquí me decía que esto era ansiedad, y yo le dije: “¿Qué pasa? ¿Es que sólo cojo ansiedad cuando voy por la calle y pasan coches o cuando paso por una tienda?”. Porque el olor que me salía de las tiendas, sin entrar, me ahogaba y me daban taquicardias. Acabé discutiendo con ese doctor. Él me decía: “No me vas a discutir a mí todos mis años de carrera”, y yo le decía: “No, pero tampoco me discutas tú a mí un diagnóstico de fatiga crónica hecho por una unidad especializada, infórmate de otras cosas”.